lunes, septiembre 28, 2020

Cuál camino lleno de vacíos


() Os referiré apartes de mis memorias que, al echar una mirada hacia el pasado, recuerdo aquel abismo profundo, insondable, lleno de oscuridad, en donde hasta hace poco yacía y vagaba en la erraticidad mi alma apesadumbrada, inerme, desmoralizada; y cuando apenas si he logrado emerger de aquellas aguas pútridas, viscosas y pestilentes al nacer a la vida corporal, he tenido que llenar mis pulmones con este aire terrenal no menos viciado y no menos enrarecido que aquel de las catacumbas espirituales. 

Muy tardíamente he reconocido que he sido yo, quién ha cavado mi propio pozo, y he sido yo quién se ha lanzado voluntariamente hacia el abismo de la desesperación, así como a ese mal entorno donde me encontraba, gracias al resultado de las malas decisiones adoptadas mediante mi libre albedrío; al igual que sido yo, el causante, el creador de esta atmósfera pesada en mi alrededor, impregnando mi Periespíritu con las emanaciones de los vicios y bajas pasiones de mis actuares actuales equivocados, opacando la luz que aquella Majestad Divina concedió a mi espíritu cuando fui lanzado a el espacio para evolucionar. Y os digo hermanos míos, que apenas sí he logrado dar un primer paso al abrir mis ojos a la luz del conocimiento de las Leyes Espirituales con demasiado esfuerzo, ante la costumbre de la oscuridad. Apenas sí diviso aquel punto distante, lejano, muy lejano de luz, donde es mi anhelo, mi deseo, y mi meta el llegar. Pero a pesar del conocimiento adquirido, eme aquí, aún envuelto en mi lobreguez, en mi precariedad, en mi imperfección manifiesta por el capricho de mi materia, al actuar la mayoría de las veces incorrectamente ya hacia Dios, ya hacia mis hermanos, acrecentando una carga ya pesada de por sí sobre mis hombros, que fatiga constantemente y amenaza con doblegar mi materia, trasegando un camino largo, difícil y tortuoso de caminar por las piedras y espinas que punzan, que hieren mi humanidad con cada paso que doy

Hoy día reconozco, que son las mismas piedras, las mismas espinas y las mismas talanqueras que por ignorancia, yo interpuse en el camino de mis hermanos, ignorando que lo único que hacía era echarlas hacia delante, hacia mis días venideros en mi propio camino por recorrer. Este es el resultado, el producto de mi malquerencia en el pasado, que hoy debo de transitar a pie descalzo tal y como tuvieron que sufrir y transitar mis hermanos a causa de mis errores. Camino que indefectiblemente todos los encarnados debemos de transitar para salir de la oscuridad en que hemos sumido a nuestro espíritu, y así encaminarnos hacia aquella luz, que para mi espíritu se encuentra aún demasiado lejos, pero que la voluntad, y el amor hacia mi Padre, me alienta, me fortifica para seguir adelante hasta llegar a alcanzar mi meta con inteligencia, con sabiduría, con conocimiento de causa para no confundir a Dios por otra cosa, y poder construir aquellos peldaños donde he de apoyar uno a uno mis pasos hasta lograr salir de este laberinto, de este valle de oscuridad, que es este plano terrenal. 

Por tal razón no puedo incentivar ni apoyar en ninguno de mis hermanos la malquerencia ni el señalamiento, porque como bien se dice en Bandera de la Paz ante Dios; “Escrito en el camino de la Verdad, quiero pedir que mis penas sean más cortas y mi materia más fuerte, ya que mis deudas que tengo contraídas no las desconozco, y servir quiero como mi Padre Eterno lo tenga dispuesto” 

Entonces hermanos de mi espíritu, no ha de creerse ni esperarse que en el instante mismo en que dejamos de causar mal a nuestros hermanos y cesemos de trasgredir los Mandatos Divinos, empezaremos a bañar nuestro espíritu inmediatamente con la Luz Radiante del Padre Supremo. No hermanos, os equivocáis si así pensáis; pues se hace necesario primeramente el arrepentimiento y la expiación de las faltas que hemos cometido para poder comprender la Ley en toda su amplitud y magnificencia, y así desandar el mal camino que un día recorrimos; y con cada nuevo paso con el que nos impulsemos hacia el bien, nuestro espíritu se fortalecerá para empezar a afrontar las pruebas, las expiaciones a través de la enfermedad, de la persecución, de la traición, de la ingratitud y humillación de propios y extraños, del señalamiento, y demás que hayamos infringido a nuestros hermanos, porque hasta que no cancelemos el último céntimo de deuda contraída, no abandonaremos la oscuridad, no abandonaremos esta prisión. 

“-A donde vaya ese espíritu que tenga deudas que pagar, que no sea perseguido y que tenga que pagarlas por las cuales se ha encausado

-También como hay tantos espíritus viciosos que gustan de la perversidad y el engaño; estos también toman parte del maltrato, por envidia lo hacen

-Entonces por lo cual, hay que vivir una vida más cerca de la verdad de Dios, para que los guías y protectores amparen, y no permitan a los espíritus malévolos hacer daños” 

Nos enseñó nuestro amado hermano Ismael Garzón Triana… 

Es de ahí en adelante, cuando podremos decir que nuestro espíritu ha empezado a alejarse de la oscuridad para empezar a transitar el camino del bien, hasta hacer méritos para obtener la Luz de aquella Majestad Divina. 

Por lo cual os digo con toda seguridad hermanos de mi espíritu, que cada distracción, cada tiempo que se invierta en pensamientos de odio, de rencor, de envidiaasí como cada sentimiento de venganza, de orgullo, de soberbia, de señalamiento que alberguemos en nuestros corazones, retrasará la construcción de aquellas gradas que se requiere para pasar al siguiente plano; porque con nuestras imperfecciones sólo podemos obtener material defectuoso, que ante el peso de nuestras faltas se derrumbará, teniendo que empezar nuevamente hasta aprender que, sólo a través de la expiación de nuestras faltas, del reconcilio, del perdón, del amor, de  la caridad y de la benevolencia con la cual actuemos hacia nuestros hermanos, nos permitirá construir aquellos peldaños firmes sin que amenacen derrumbarse y caer nuevamente al vacío, a la oscuridad.  

Muchos hemos trasegado el camino incorrecto, y muchos somos los que seguimos aferrados a las bajas pasiones impidiendo a nuestro espíritu avanzar hacia la luz; es por ello que muchos, a pesar de que nos encontramos al servicio espiritual ante un Padre Supremo, sucumbimos ante las pruebas, porque a la menor contrariedad respondemos SEGÚN LA OSCURIDADQUE YACE EN NOSOTROS, Y NO SEGÚN LA LUZ QUE ANHELAMOS ALCANZAR, y es ahí cuando fallamos al no poder aislarnos del mal que nos rodea, desvirtuando una Enseñanza, desdeñando un conocimiento, para terminar tergiversando y ocultamos la verdad de los Mandatos Divinos.  

Entonces tened en cuenta que por el hecho de que cite al pie de la letra las Leyes Espirituales y las Obras de mis amados hermanos Ismael Garzón Triana, Allan Kardec, León Denis y muchos otros Maestros; y mis escritos describan convincentemente la comprensión, el amor, la indulgencia, la caridad, etc., y me asista cierto conocimiento; no ha de darse por descontado que mi espíritu esté bañado en luz. Os digo que es simplemente el recuerdo indeleble de lo almacenado en mi Periespíritu en vidas precedentes, así como lo aprendido en mi actual cruzada, lo que permite hablaros de lo que yace en mi memoria espiritual. 
Lo que os quiero decir, es que os hablo como es mi anhelo vivir, más no como vivo yo.

Recordad también que las palabras célebres sin acción que las refrende son letra muerta en el corazón, son palabras vacías que suele llevarse el viento; entonces, sin importar la elevada condición moral y la representación que traiga el espíritu, sino trabaja arduamente en el cumplimiento de la tarea, de la misión encomendada, fracasará; porque ciertamente la cruzada más importante para el espíritu siempre será la actual, porque todo lo que haya ganado en las cruzadas anteriores, lo puede destruir en la que está, por confundir a Dios por otra cosa. 

Vuestro amigo, servidor y hermano, 
-Héctor Fabio Cardona-

 

jueves, septiembre 24, 2020

Los rayos de la luz mi Padre nos dé, para alejar la oscuridad que está penetrada en los pacientes

 


Yo pido al Supremo Creador, que los rayos de la luz nos cubran y sean curados los pacientes en el nombre de mi Padre Celestial; porque la Caridad y el amor llegue a todos los corazones donde hay la palabra de Dios. Entonces los rayos de la luz mi Padre nos dé, para alejar la oscuridad que está penetrada en los pacientes.” 
Ismael Garzón Triana…

Cuánta verdad, cuánta Sabiduría se desgaja de éste párrafo que, la mayoría de las veces lo pronunciamos dentro de los recintos mecánicamente sin alcanzar a comprender la grandeza del contenido que encierra esta petición ante el Padre Supremo.
Cuando decimos “Yo pido al Supremo Creador que los rayos de la luz nos cubran” además de estar clamando la luz para nuestros espíritus, nos estamos comprometiendo ante aquella Majestad Divina, en seguir el camino de la luz y la verdad para no confundir a Dios por otra cosa; y así, vigilantes de nuestro propio actuar, ir alejándonos poco a poco de los vicios que circundan a la humanidad, para poder ser merecedores de adquirir el conocimiento que es luz para el espíritu, y poder llegar a considerarnos honestos intermediarios (Médiums) entre la parte espiritual y nuestros hermanos que necesitan de las bondades del Padre Supremo.

Y no es que mi Padre requiera de la intermediación de sus hijos encarnados para poder hacer llegar sus bondades a los enfermos del espíritu y de la materia en el plano terrenal y otros planos de oscuridad como el nuestro; pero al estar bajo la égida de una Enseñanza como estudiantes de la Obra del Maestro Ismael, así como en muchas otras Enseñanzas que el Padre ha concedido para el bien de la humanidad, se sigue un orden tanto en lo corporal como en lo espiritual, lo cual demanda voluntad, excelente disposición, amor, honradez, honestidad, y respeto, para tratar a nuestros hermanos como quisiéramos que nos tratasen a nosotros mismos. Así mismo requiere de la moral aplicada a cada una de nuestras acciones, y sobre todo de una excelente preparación a través del estudio para adquirir el verdadero conocimiento, la inteligencia y la sabiduría; pero sobre todo la humildad para desarrollar facultades nítidas, esclarecidas, para que pueda darse la curación o sanación en los espíritus y en las materias que el Padre Supremo conceda llegar a cada uno de los recintos, como también al resto de la humanidad a través de las labores del Cuerpo Médico Espiritual que el Padre conceda.

Sabed hermanos de mi espíritu que un Médium es como un recipiente, que no sólo debe de estar limpio y reluciente por fuera, sino también por dentro, para que lo que allí sea depositado no sea contaminado ni sea desvirtuado; porque un Medium mal preparado, no podrá obtener el verdadero anclaje espiritual que se requiere para desempeñar su tarea como intermediario, y lo que pasaría por falta de preparación, es que “LOS FLUÍDOS QUE EMANEN DE UNA FUENTE IMPURA, SON ALGO ASÍ COMO MEDICAMENTOS ALTERADOS”  Ésto último lo dijo el Maestro Allan Kardec…y sobre ello fundamento mi explicación. Es por ello que un Médium enfermo del alma o una moral dudosa, no puede decir que es esclarecido, ni intermediario entre las Cortes Médicas Espirituales y sus hermanos. 

Entonces tomad ejemplo de estas palabras, y aprended que un Médium egoísta, mezquino, altivo u orgulloso; fácilmente falseará una guía, una orientación, al no contar con la irradiación del Mensajero de Luz, sino de espíritus impostores; o lo que es peor, hablará de lo que ya conoce su espíritu…
Por estas razones y muchas otras, es que veis como día a día escasean los buenos facultados en los recintos.

Por lo tanto, no basta solamente con elevar mecánicamente en los recintos la petición de sanación para nuestros hermanos; sino que, además debemos de contar con una excelente preparación en todos los aspectos y sentidos, para poder primeramente alejar la oscuridad de nuestros propios espíritus como siervos al servicio espiritualmente ante el Padre Celestial, porque de lo contrario no seremos merecedores de recibir la irradiación necesaria para que sean curados los pacientes en el nombre del Padre Supremo; como tampoco basta el simple y llano deseo de sanación del paciente para ser curado en los recintos; porque además del deseo, se requiere que la Caridad, el Amor, el respeto, la Indulgencia, el Reconcilio, el Perdón, etc., estén presentes en el corazón de aquél hijo que doblegado por la enfermedad de su materia, se arrepiente y clama al Padre, su misericordia. 

Ningún Director Corporal o Médium puede asegurar que el paciente será sanado de sus enfermedades en los recintos de oración; pues sólo mi Padre, es el que concede tal misericordia.

Entonces hermanos de mi espíritu, debemos de comprender que sólo cuando seamos dignos merecedores como Médiumnes, de recibir los rayos de Luz de nuestro Padre Celestial, al haber modificado nuestro comportamiento a través de la moral, del respeto y de la honestidad de cada una de nuestras acciones, podremos decir con absoluta seguridad que estamos bien preparados, y en capacidad de ayudar a alejar la oscuridad que está penetrada en los pacientes, siempre con el permiso del Padre Supremo.

Pero mientras sigamos albergando odios, rencores, recelos, envidias, orgullo, soberbia y persecución hacia nuestros hermanos; podremos decir sí, que hemos limpiado la superficie del campo si podamos la mala hierba superficial, al igual que hacemos al limpiar la superficie del vaso, o al lavar el sayal blanquecino con el cual nos investimos momentáneamente para laborar. Pero sabedlo bien hermanos de mi espíritu, que mientras no haya una verdadera y total ablución en nuestro interior, mientras no se limpie el recipiente por dentro, y mientras no se extraigan aquellas raíces de los vicios enquistadas aún en nuestros corazones; éstos siempre volverán a emerger ante la menor contrariedad, a través de los señalamientos, de las críticas, de la envidia, y de la incomprensión entre otros. Por lo tanto; mientras seamos incapaces de corregirnos a nosotros mismos ante nuestra falta de voluntad y ante nuestra falta de amor hacia aquella Majestad Divina; tened presente, que no seremos merecedores del perdón, ni de ser escuchados en el momento de pedir la curación para nuestros hermanos que sufren los rigores en sus espíritus y sus materias, aunque nos encontremos en los recintos, y vestidos de blanco; y si se diese tal curación del paciente en estas condiciones, sería por misericordia del Padre Supremo, y no a través de la intermediación del Médium, porque si no hay amor en nuestros propios corazones; ¿cómo es que podríamos llegar a infundirlo en el de nuestros hermanos?

Vuestro amigo, hermano y servidor,
Héctor Fabio Cardona...

miércoles, septiembre 23, 2020

Kardec la Película



Fraternal saludo para todos mis hermanos.

Os comparto este film, basado en la vida y obra del codificador y Rector del Espiritismo ALLAN KARDEC, considerado por los estudiantes de ésta Ciencia, de ésta Filosofía; como relevante, emblemático y muy importante como guía y orientador de nuestra misión, de nuestra tarea de estudiar, de investigar y de expandir el conocimiento de las Leyes Espirituales con transparencia, con honestidad, sin ánimo de lucro, sin ansía de representación ni de poder... 

Para visualizar el film, dar click en ver la Película.

Vuestro amigo y hermano,
Héctor Fabio Cardona...

miércoles, septiembre 16, 2020

Memorias del Maestro Ismael Garzón Triana

«Es muy visible que las Leyes Espirituales que esconden en los grandes álbumes, y como he dicho; las tapan. Entonces ¿quiénes son esos espíritus? Y luego, si sale algo a la luz por medio de otro, entonces dicen; ya eso lo sabíamos porque hace miles de años que esto existe. Y entonces ¿por qué tienen al pueblo en la oscuridad? ¿Por qué?»
Ismael Garzón Triana… 

(...) Recordad hermanos de mi espíritu que Lo que hagamos en bien hacia nuestros hermanos, será recompensado por el Padre Supremo en luz para nuestros espíritus… Sabed que la avaricia del conocimiento, no es más que la ignorancia de espíritus egoístas y que “lo que vosotros hoy, pudiendo hacerlo, no trasmitáis a vuestros hermanos, lo harán tarde o temprano a través de otros medios, los habitantes del espacio; y entonces será tarde para vosotros al haber perdido la oportunidad de ser útiles a vuestros hermanos…Os digo que, no hay justificación para quedaros con aquello que es bien para toda la humanidad” 

Hermanos, lo que deseéis compartir en documentos, o narrar a través de audio o de video de vuestras experiencias con el Maestro Ismael, o lo relatado a vosotros por vuestros padres –discípulos del Maestro Ismael y primeros directores en la Enseñanza- podéis contactarme a través del MAIL: higienedelalma@gmail.com 

Vuestro amigo, hermano y servidor, 
Héctor Fabio Cardona. 




lunes, septiembre 14, 2020

¿Qué mal os estoy causando?


¿Cuál es la Enseñanza verdadera?

Tengo para deciros que, “Verdadera es la Ley de mi Padre cuando se cumple y se hace cumplir con Amor, con Indulgencia y con Caridad, porque el Universo entero es bañado y reconocido por la Luz Radiante del Padre Supremo” pero al no cumplirse con rectitud, con honestidad; se corre el riesgo de caer en el fanatismo y en el mal hábito de pasar la vida entregando buenos consejos sobre lo aprendido, pero dando malos ejemplos a través de acciones contrarias, a la enseñanza que se pretende defender y hacer representar.

Hermanos míos; mal haría al indicaros como verdaderas y superiores a algunas enseñanzas, y desmeritar al censurar y tildar de impostoras a otras, porque estaría faltando a el respeto a mis hermanos que luchan por conservarse en el sendero espiritual que les correspondió o que eligieron transitar. Cierto es, que por sus esfuerzos unos van más adelante, otros van hombro a hombro, y algunos vamos más atrás, con mayor o menor conocimiento unos de otros; pero os digo que, aunque la lucha es individual, la meta es la misma; es la de luchar por la luz para nuestros espíritus.

Cualquier sentencia es injusta,
si antes no se ha escuchado la otra parte
Jorge Eliécer Gaitán.

Cuando se juzga a un hermano por su forma de pensar, por su credo, raza, o condición social; se falta a la Caridad que debemos tener como hermanos hijos en Espíritu de un mismo Padre Creador de todo cuanto existe, máxime cuando quien juzga es ESTUDIANTE, siervo conocedor y defensor de las Leyes Espirituales. Se falta también a el respeto de hermano a hermano al ignorar y al agraviar a quienes no comulgan con secta o enseñanza alguna, o a quienes difieren en el modo de enseñar, ya que muchos prefieren la práctica de dar a conocer la Enseñanza, dejando a los virtuosos la práctica y el ejemplo de las buenas costumbres. Pero sea cual sea el rol asumido; podéis estar absolutamente seguros que no es difamando ni desprestigiando a vuestro hermano, como conseguiréis ser verdaderos defensores de una Causa Divina.

Os pregunto ¿quién puede decir que no ha sido, o ha actuado en su pasado remoto como lo que juzga y señala hoy?

Ningún espíritu encarnado en este plano Tierra de expiación y de prueba, es perfecto ni ha alcanzado la superioridad, ni es poseedor de la verdad absoluta, pues el sólo hecho de venir a movilizar materia en este plano de expiación, de sufrimiento y de dolor, indica ya, imperfección en el espíritu encarnado; salvo aquellos Espíritus Misioneros que vienen a traer enseñanzas, conocimiento y luz para la humanidad, a través de las Leyes que envía nuestro Padre Celestial a este plano, pudiendo evidenciarse en éstos hermanos emblanquecidos su rectitud, su elevada condición moral, y su mansedumbre hacia quienes les rodean, trasmitiendo con sus actos bondadosos, que son espíritus misioneros, espíritus encarnados; no como consecuencia por falta alguna de su parte, sino por la tarea asignada a desempeñar para el bien de la humanidad, porque ningún espíritu es estático.
Los demás somos insignificantes estudiantes de esta enseñanza, con el anhelo de hacer propias, por medio de nuestras acciones, de nuestros buenos ejemplos, aquellos conocimientos que, en muchas ocasiones son esbozados con prodigalidad a través de los labios del encarnado, pero que en la mayoría de las veces no alcanza a salir de su corazón.

Hermanos, donde no hay respeto hacia los semejantes, donde no hay Amor, Humildad, Comprensión, Tolerancia, Benevolencia con las faltas de sus hermanos, y Caridad ante sus necesidades espirituales y corporales; tened siempre presente que es un Portal que ni está emblanquecido, ni hay principio de Verdad espiritual, porque esa verdad ha sido desvirtuada por la falta de la Piedad para con sus hermanos.

Aprended a discernir mediante la observación, pero sin constituiros en jueces de nadie, y confirmaréis por vuestros propios medios, lo que dijo aquél Gran Maestro de Maestros, el humilde Jesús del Galilea, “Conoceréis a el árbol por sus frutos

“Ninguna secta es mala; los malos somos quienes no la sabemos llevar…”
Ismael Garzón Triana.

Entonces tened siempre presente hermanos de mi espíritu que, ningún Mensajero del Padre Supremo, ningún Ángel, Arcángel, Guía Espiritual o Maestro, está sometido al capricho o la voluntad de los mezquinos intereses del humano, y no conceden oro ni riquezas, fama ni reconocimiento; como tampoco acuden a vuestro llamado para banalidades, ni para cumpliros deseos cual vulgares genios, ni para desvelaros el futuro, ni para ayudaros a doblegar las voluntades de vuestros hermanos cuando no comulgan con vuestros pensares.

Éstos mensajeros son espíritus esclarecidos, espíritus evolucionados que, como siervos de aquella Majestad Divina, asisten con amor a la humanidad, y a todo aquél que clama ayuda, que lucha y se esfuerza para vencer su inclinación al mal, con el deseo de progresar espiritualmente y poder regresar a la diestra del Padre Supremo.
Todo es por merecimiento; comprended bien estas palabras…

Cuando un hermano de ésta enseñanza, o de cualquier otra que mi Padre ha concedido para el bien de la humanidad, tergiversa los Mandatos al juzgar, al calumniar y deshonrar a sus hermanos por odio, por incapacidad y por envidia espiritual, convirtiéndose en talanquera y piedra de tropiezo; que no se mire aquél proceder desacertado como parte de esta u otra enseñanza emblanquecida, porque ese hermano es asistido sí, pero por las fuerzas contrarias, de similar condición moral a la de su espíritu.

Os digo que un actuar así, no es la esencia de la enseñanza que legó a la humanidad el Maestro Ismael Garzón Triana en los ESTUDIOS ASTRALES ESPIRITUALES ANTE DIOS; Son Leyes esclarecidas, pero mal interpretadas por quienes ambicionan la maldad, y por quienes el capricho de su materia les conduce a rehusar el sendero del conocimiento y de la verdad. Mal se procede cuando se conoce parte de una verdad, pero se insiste a través de la mala intención, expandir esa verdad a medias, u ocultarla para que otros no esclarezcan sus mentalidades; porque duele pensar que “El alumno supere al maestro

Esta enseñanza es amor, comprensión, luz, conocimiento, verdad, reconcilio, perdón y reparación; y os digo que no son las enseñanzas espirituales ni filosóficas las que deben de adaptarse a él humano en su precaria e irreflexiva forma de pensar, o pretender que éstas viren según su antojo o según sus intereses particulares; es el humano quien debe ajustarse a esas Leyes, y honrarlas con su respeto, con el ejemplo de sus propias acciones, para ser confiable, para ser creíble; y así poder tener la oportunidad de llegar al corazón de sus hermanos, y poder expandir con verdadero amor y sin egoísmo, lo que con amor y sin egoísmo, sin tasa y sin medida, se ha entregado desde la altura.

No juzguéis a nadie para que nadie os juzgue a vosotros hermanos míos; que vuestra conciencia sea vuestro propio y único juez; sé firmes en vuestras decisiones y ante la defensa de vuestros nobles ideales; pero a la vez, se nobles e indulgentes, y no confundáis nunca la firmeza con el atropello; y sabed que debéis de ser prudentes con todo aquello que admitís como verdad, como también sed humildes para no apartar de vosotros por soberbia, el verdadero conocimiento que pueda tocar en determinado momento a vuestras puertas. Sed reflexivos, mansos de corazón en cada aspecto de vuestras vidas; pues el error está latente a cada paso que se da, como presente está en todo momento la oportunidad de adquirir conocimiento, cuando se cultiva un corazón apacible, noble e indulgente.

Os invito a escudriñar, a estudiar las Leyes Espirituales que también están impresas en la conciencia de todo ser humano; y que, si aprendéis a recogeros en meditación aislándoos del bullicio, poco a poco os aislaréis también de los vicios que subyugan a el humano, y empezaréis a esclarecer vuestras mentalidades.

Clamad al Padre Supremo para que os cubra con su Luz Divina, para que os conceda la guía, y sean despejados vuestros senderos, así como vuestra mentalidad y podáis tener buen discernimiento, buen entendimiento, para no someter; pero tampoco dejaros subyugar de nadie.

Os digo, las Leyes de mi Padre son humildes y sencillas de razonar, son enviadas con Amor, y transcritas con claridad para que toda cimiente de hombre las pueda discernir y llevarlas a la práctica. Atended el llamado de vuestro Corazón, Templo de Dios y estación de sabiduría, pues allí reside aquella chispa Divina de mi Padre, que es el espíritu, y quién es el portador del conocimiento adquirido a través de sus cruzadas.

Por lo cual, razonable, es decir que el ser humano aprendería mucho más a través del silencio de sus propios pensamientos, y de la concentración para nutrirse con los recuerdos del pasado, que muchos llaman intuición; que con aquello que su ansía y su desmedida avaricia de conocimiento lo lleven a almacenar numerosas obras para adquirir lo que no está aún en posibilidad de asimilar, de investigar; quiero decir, “Demasiada luz suele cegar también”.

Me refiero a que muchos leemos, estudiamos, citamos de memoria aquellos pasajes bíblicos, párrafos enteros de una obra, de una enseñanza, de una filosofía, desmenuzamos las erudiciones, profundizamos, escudriñamos para desvelar en sí el conocimiento, vamos allá, acá, y más allá, quizá movidos sólo por la fascinación de aquellas palabras insignes con las cuales vienen impregnadas las Verdades, las Leyes; pero ¿qué es lo que hacemos? nos elevamos en orgullo y nos cubrimos con la capa oscurecida de la soberbia, al pretender pasar por sabios, por eruditos en la enseñanza con el deseo de ser más que nuestros hermanos; sólo por un cargo temporal asignado, o un breve conocimiento adquirido.

Os digo hermanos de mí espíritu que el orgullo y el egoísmo son malos consejeros, envilecen el alma, ciegan y oscurecen la mente; mientras que la humildad y la Caridad la despejan, haciéndoos buenos receptores del conocimiento para que el humano pueda conducirse por la senda de la Verdad, mediante las Leyes Espirituales, como también de toda enseñanza o filosofía que se deseé seguir con respeto y amor.

Sois mis hermanos, y os comparto con amor, lo que mi espíritu se niega a retener…

Vuestro servidor, amigo y hermano;
Héctor Fabio Cardona.


LA EMISIÓN DE JUICIOS


“Entendido está que la envidia es la madre de todas las maldades. ¿Cuántas son las materias que quisieran mi destrucción, aunque su propio espíritu, fuera mi propio amigo? Sólo quiero recordarles, que es la materia, un armaje pasajero.”

Ismael Garzón Triana…

LA EMISIÓN DE JUICIOS.

Quiero hablaros en esta ocasión sobre uno de los innumerables vicios que rodean al ser humano; se trata de una enfermedad insidiosa, un mal que se propaga con cierta facilidad por todas las esferas de la sociedad, ensombreciendo el espíritu, incubándose de manera alarmante en la mentalidad de quienes comulgan con este tipo de prácticas y de pensamientos, echando raíces, enquistándose como una tumefacción maligna en el Periespíritu de quienes le brindan abrigo. Esta enfermedad deliberada y consentida por el libre albedrío del ser humano, no es más que la nociva emisión de juicios.

Señalar, juzgar, expresarse mal de los demás, es una práctica demasiado común en estos tiempos por el vacío espiritual, resultado de la falta de amor ante la pérdida de los valores morales, lo que está conduciendo al ser humano hacia los abismos insondables de la ignorancia, que no es más que oscuridad para los espíritus; y lo peor, es que el maledicente, sin bases ni argumentos, se obstina, se empecina, y hasta se recrea en el mal hábito juzgar, de infamar, o conjeturar sobre lo que no le consta y que tampoco conoce; así mismo, es fácilmente influenciado por la turba, por la manada, y por la fuerza oscura de la perversidad que yace en su alma enferma y desdichada, que lo excita con cierta complacencia a deshonrar a sus hermanos.

Se emiten juicios ligeros tanto en contra del infame, como en contra del virtuoso, por comentarios de personas envidiosas, rencorosas, recelosas, sin paz en su corazón, que sólo sienten alivio hablando mal de sus hermanos, por la esencia dañina de su naturaleza.

Sabed hermanos míos que El MALEDICIENTE se nutre con el resentimiento, con la satisfacción vulgar y malévola propia de su hablar, con la intención de destruir y erigirse en juez y verdugo de las faltas de sus hermanos; EXCUSA Y DISFRAZ utilizados por él, para no revelar sus propios errores, sus falencias y sus agravios, sin darse cuenta que su actitud, las expresiones y palabras execrables que expele a cada momento, deshonran y desnudan su propia alma cicatera. Es a través de esta práctica insidiosa, cuando el espíritu ruin, pasa del simple comentario a la mala intención por su ceguera espiritual; y ante una acción repetitiva sin aparente importancia como un simple comentario –REPITO- de lo que no conoce, va dando paso poco a poco a algo tan vil como la calumnia, cuya falsedad ejecutada con pérfida e encubierta pericia, alcanza el propósito de causar daño sin que se le señale de culpable. Pero bien sabéis que esto consiste en tirar la piedra y esconder la mano. Acto vil, cobarde y repudiable, porque así es como se engendra y se desarrolla el embuste, aunque se pretenda aparentar el apoyo a una causa, según el grado de difamación que se deseé infringir a una persona o a una institución que sea contraria a sus desviados pensamientos o a sus mezquinos intereses, aunque carezca de elementos de juicio para hacer tal afirmación, y sin que le consten los hechos por los cuales toma partido, descuidando los aspectos realmente importantes de su vida, sólo por estar pendiente de la de los demás.

Estos cobardes y repulsivos actos, por lo general son producto de la ignorancia, de la incapacidad y de la infelicidad de la persona que, excitada siempre por la envidia espiritual, sólo ve peligro y agresión a su dignidad ante la labor desarrollada de sus hermanos, promoviendo así el estigma hacia sus semejantes. Dejarse fascinar y subyugar por la envidia, es amargarse, es negarse a sí mismo la libertad, la salud y la honra, cuando se debería de reflexionar cada palabra antes de ser pronunciada, y evitar por todos los medios, emitir señalamientos.

La siguiente es una pequeña historia que invita a la reflexión:
Un sabio fue visitado por un amigo que hacía mucho tiempo no veía, el cual, casi que, en el acto, empezó a hablar mal de otro amigo del sabio; y este le dijo, “Insensato, después de tanto tiempo me visitáis, sólo para cometer ante mí tres delitos: el primero, procurando que odie a una persona a la que amo; el segundo: para preocuparme con vuestros avisos, y hacer que pierda la serenidad; y el tercero: acusándote a ti mismo de desleal, envidioso y perverso con tus aciagos comentarios”. Más te valdría declararte víbora de una vez, y dejar de presentaros como camaleón.

La maledicencia, la calumnia y el embuste, es propio de almas enfermas; es la falta de ética, de moral, lo que impulsa a ocuparse más de la vida de los demás, que de la propia. El embuste se ha convertido en el pasatiempo favorito de muchos. Hay seres que se pasa horas y horas hablando, murmurando de otras personas, y sin darse cuenta del error que están cometiendo porque sencillamente se creen mejores. Esto lo hacen porque han perdido el sentido de la realidad, del daño que causan con el látigo de la lengua venenosa. Otras veces el error es vil e intencional, aún, hacia quienes llaman sus amigos.

Existen artistas consumados en desprestigiar y hablar mal de los demás, en hacer correr comentarios en contra de quien les cae mal, sin considerar el daño que causan a la honra de las personas. También hay los que murmuran sin aparente maldad, sólo para sentirse importantes. ¿No sabéis la última? Aquí entre nos, os contaré algo pero no lo sostengo.

Otros lo hacen maliciosamente con la intención de causar daño a alguien en particular; esto puede ser por rivalidad, por celos, por competencia, por enemistad o por antagonismo. Todo ello aguijoneado por la ENVIDIA ESIRITUAL.

Se sabe que el rasgo principal de la mentira o la verdad dicha a medias es la mala intención; y si a esto añadimos que cada oyente, cada discípulo portador de esta enfermedad; porque en eso os convertís, en discípulos del mal y transmisores de aquella enfermedad del alma, cuando prestáis vuestros oídos a embustes; y si en el momento de narrarlo a otro, le agregáis un poco más; nos encontramos entonces con absurdos que suelen acabar con el honor, la honra y la dignidad de una persona, antes de que el afectado se entere. Lo grave es que increíblemente, se utiliza la murmuración contra personas consideradas amigas, actuando con hipocresía e insidia, que nadie comprende.

Los seres humanos somos tendenciosamente egoístas, centrándonos en nuestros propios problemas; pero cuando se trata de encontrar defectos en los demás, nos afanamos y reventamos si el mundo entero no lo sabe primero por nuestra boca. Ahí sí, aprendemos a centrar la atención en otros, y dejamos nuestro YO, a un lado, convirtiéndonos en expertos en las vidas ajenas, pretendiendo ser jueces de una contravención, que quizá haya sido quebrantada infinidad de veces por quien pretende hacer justicia.

Si invirtieseis el tiempo que os lleva en hablar mal de los demás, en conoceros primero interiormente a vosotros mismos, en estudiar para alejaros de la ignorancia; descubriríais que cuando descargáis en las demás personas vuestras propias frustraciones a través de las injurias, lo que hacéis realmente es ahondar aún más vuestras incapacidades. Comentáis con cierta destreza sobre las carencias de éste o de aquél para no afrontar las propias; porque cuando os miráis en el espejo, veis los defectos de vuestros hermanos, representada en vuestra triste realidad. Entonces dejad de mostraros compasivos, benevolentes dándoos golpes de pecho dentro de los recintos, cuando en realidad las desgracias ajenas os proporcionan cierta satisfacción perversa.

Entended lo que os digo, y abandonad ya la fea costumbre de andar vilipendiando a diestra y siniestra a quienes nada os han hecho, porque debéis de saber que la vida es como un bumerang, en donde todo lo que arrojéis hacia vuestros hermanos, os será devuelto. Por lo tanto, luego no os quejéis preguntando tardíamente ¿por qué me pasa esto a mí? Recordad siempre, que, con la vara que mides, seréis medidos.

El daño causado por los malos comentarios, son muy difíciles de reparar. No siempre os dais cuenta del perjuicio, pero así es.

Se agravia, se ofende y se calumnia con un desparpajo increíble, pero si confrontáis a un charlatán de donde ha obtenido esa información, responderá: “lo escuché”, “me dijeron”, “se comentó en una conversación”, “me enteré por casualidad”. En muchos casos la infamia se basa en afirmaciones sin sentido, y en actos que nunca han tenido lugar; pero una vez que han sido pronunciadas, causan un daño muy difícil de reparar.

Aprended entonces de la siguiente reflexión.

CALUMNIAS.
Un hombre que infamó injustamente a un amigo por la envidia al ver la aceptación y el éxito que este había alcanzado; tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:

Señor, estoy arrepentido, y quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo, ¿Cómo puedo hacerlo?, a lo que el sabio respondió: "Tomad un saco, llenadlo de plumas ligeras y pequeñas; ve y soltadlas por donde quiera que valláis". Luego volved aquí.

El hombre muy contento por aquello tan fácil, tomó el saco, lo llenó de plumas y en el transcurso de un día, las había soltado todas. Regresó donde el sabio, y le dijo:

"Señor, ya he terminado", entonces el sabio contestó, "Esa era la parte fácil, ahora debes volver a llenar el saco con esas mismas plumas que soltasteis, salid a la calle y buscadlas".

El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba, y no pudo juntar casi ninguna. Al volver, el hombre sabio le dijo:

"Así como no pudisteis juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo, el mal que hicisteis, voló de boca en boca, y el daño que deseasteis hacer, ya está hecho. Lo único que podéis hacer ahora, es pedir perdón a tu amigo, pues en verdad os digo, que no hay forma de revertir lo que habéis hecho"

Las calumnias, los rumores son informaciones alteradas, o verdades dichas a medias con mala intención. Un comentario baldío, generalmente está constituido por una serie de mentiras, o exageraciones para perjudicar a uno o varios individuos, dependiendo de la intención de quien lo genera.

La estructura de la murmuración lo conforman, el maledicente, el receptor o escucha de la calumnia, y la víctima de quien se habla en forma negativa y sin fundamento. Esto puede ir desde una simple crítica o señalamiento, hasta la invención de toda una historia en torno a un sujeto determinado para perjudicar su honra y su labor.

El que murmura hace daño a tres personas, a él mismo por la oscuridad con la cual arropa su espíritu, al que escucha por dar crédito al infame, y al ausente; víctima de quien se murmura para desprestigiar, sólo por la vil envidia.

Cuando alguien os venga a hablar mal de vuestro hermano, preguntadle si ya se lo ha hecho saber a ése hermano, y si se tiene algo que amerite reconvenirlo; hacedle ver que él, sería la primera persona que debería escuchar la reprensión, y no el público, pero lamentablemente por la falta de sinceridad, de buena moral, y ante la deshonestidad, el maledicente disimula la situación, y si se encuentra con el injuriado, le sonríe, y le saluda con palabras amables, refiriéndose con diminutivos le adula, y hasta le pasa la mano por el hombro, para luego, una manera u otra, mal hablar nuevamente de él.

La CALUMNIA destruye a la persona afectada, no sólo por las heridas que produce, sino por la dificultad de repararlas. Aunque a alguien le importe poco la opinión ajena, la calumnia abre las puertas a la duda. La calumnia tiene su mejor cómplice, en el mal interpretado refrán, que dice: “desde que el río suena…, es porque piedras trae” haciendo tambalear con la duda sembrada, hasta las más firmes convicciones acerca de la rectitud o la honradez de una persona, incluso una vez aclarada la mentira.

Se sabe de amistades sólidas que han sucumbido al insidioso enredo de las maledicencias deliberadas. El veneno de la calumnia ha roto parejas, y ha desmembrado familias enteras, al igual que ha provocado inseguridades, y sembrado discordias irreparables.

Si queréis vivir una vida más significativa, deberéis buscar la forma de dejar de “interesaros” en las vidas ajenas, y empezar a preocuparos más de las vuestras; es decir, dedicaros a mejorar y a corregir vuestros defectos. Debéis ser sinceros en vuestro trato con las personas, y ser verdaderamente comprensivos.

Si veis algo con lo que no estéis de acuerdo, o alguna cosa molesta en alguien, debéis ir directamente a él, y hablarle claramente demostrando vuestros argumentos y vuestra buena fe.

Ser honestos os aleja de la oscuridad ante la moralización de vuestro Periespíritu, ser humildes os conduce a la verdad al despejaros senderos que están negados para el orgulloso, y el ser indulgentes os abre las puertas de la virtud de la Caridad.

Sabed, que la verdad es única, y que aun vuestros sentimientos más ocultos, son una gran ventana abierta para quienes saben ver con los ojos del espíritu. Rechazad cualquier forma de maldad, limitad vuestros deseos, y limitareis vuestros males. Educad vuestro ojo, enseñadle sólo lo bueno de las personas, y os aseguro, que verán sólo lo bueno, también en vosotros.

Vuestro amigo, hermano y servidor,
Héctor Fabio Cardona.


 

A quién corresponda...


Sabed hermanos míos que el espíritu se aflige, se desmoraliza ante el capricho de la materia que moviliza, porque siendo consciente del compromiso y la responsabilidad adquirida en la Patria Espiritual, ve con aflicción como aquello por lo cual ha trasegado y luchado en cruzadas anteriores, se desvanece en la actual, al confundir a Dios por otra cosa.

Cuando el espíritu no obtiene la ayuda, la colaboración de su materia, fracasa en su misión al no dar cumplimiento la tarea asignada, que es limpiarse de las capas oscurecidas para adquirir luz para su espíritu mediante el acatamiento de los Mandatos Divinos, que es RESPETO ANTE UN PADRE Y ANTE Y ANTE SUS HERMANOS; viéndose OBLIGADO a retomar nuevamente materia, para iniciar en peores condiciones, lo que bien pudo conseguir con menos esfuerzo. He ahí los sufrimientos, las causas y consecuencias de nuestro errado proceder.

No juzguéis, no critiquéis, no señaléis, no hagáis mal a vuestros hermanos, para que éstos no os entreguen luego ante el Juez; y así podáis cumplir vuestra condena prontamente en éste plano Tierra de oscuridad, que es prisión para los espíritus.


Vuestro amigo, hermano y servidor,
Héctor Fabio Cardona.


sábado, septiembre 12, 2020

Dios está en vosotros



A León Denis...

«Del ayer desprendo una página de amor y fe; qué Filósofo del principio de los Miuras, en el recuerdo de ésta, recoge mi Plegaria con cariño ¡oh! buen Espíritu de mi Padre Celestial

EL ESTUDIO

El estudio es la fuente de dulces y nobles goces; nos libera de las preocupaciones vulgares y nos hace olvidar los males de la vida. El libro es un amigo sincero que nos pone buena cara lo mismo en los días felices que en los de mala fortuna. Hablamos del libro serio, útil, que instruye, consuela y reanima; y no del libro frívolo que distrae y con harta frecuencia desmoraliza.

¿No se penetra lo bastante en el verdadero carácter del buen libro? Es como una voz que nos habla a través del tiempo y nos relata los trabajos, las luchas y los descubrimientos de aquellos que nos precedieron en el camino de la vida, y que en provecho nuestro suavizaron sus asperezas.

¿No constituye una de las escasas felicidades de este mundo el poder comunicar por medio del pensamiento con los grandes Espíritus de todos los siglos y de todos los países?

Ellos pusieron en sus libros lo mejor de sus inteligencias y de sus corazones. Nos llevan de la mano por el interior de los laberintos de la historia, nos guían hacia las elevadas regiones de la ciencia, del arte y de la literatura. Al contacto con estas obras que constituyen los bienes más preciosos de la humanidad, compulsando estos archivos sagrados nos sentimos engrandecer, nos consideramos satisfechos de pertenecer a las razas que nos suministran tales genios. El esplendor de su pensamiento se extiende sobre nuestras almas, las reconforta y las exalta.

Sepamos elegir buenos libros y acostumbrémonos a vivir entre ellos, en relación constante con los Espíritus elegidos. Rechacemos con cuidado los libros inmundos escritos para halagar las bajas pasiones. Guardémonos de esa literatura relajada fruto del sensualismo, que deja tras de sí la corrupción y la inmoralidad.
La mayor parte de los hombres pretenden amar el estudio, y objetan que les falta tiempo para dedicarse a él. Sin embargo, muchos de ellos consagran veladas enteras al juego y a las conversaciones ociosas. Se arguye también que los libros cuestan caros, cuando se gasta en placeres fútiles y de mal gusto más dinero del que haría falta para hacerse de una rica colección de obras. Además, el estudio de la Naturaleza, el más eficaz y el más reconfortante de todos, no cuesta nada.

La ciencia humana es falible y variable. La Naturaleza no lo es. No se desmiente nunca. En las horas de incertidumbre y de desaliento, volvámonos y nos mecerá en su seno. Nos hablará un sencillo y dulce lenguaje en el que aparecerá la verdad sin artificio ni desfiguraciones. Pero ese lenguaje apacible muy pocos saben escucharlo y comprenderlo.

El hombre lleva consigo hasta en el fondo de las soledades sus pasiones y sus agitaciones interiores, cuyos rumores encubren la enseñanza íntima de la Naturaleza. Para discernir la revelación inmanente en el seno de las cosas, es preciso imponer silencio a las quimeras del mundo, a esas opiniones turbulentas que perturban nuestras sociedades; es preciso recogerse, hacer la paz en sí y alrededor de sí. Entonces todos los ecos de la vida pública callan; el alma entra en sí misma, recobra el sentimiento de la Naturaleza y de las leyes eternas y comunica con la razón suprema.

El estudio de la Naturaleza terrestre eleva y fortifica el pensamiento, pero ¿qué decir de la visión de los cielos?
Cuando en la noche apacible se enciende la bóveda estrellada y comienza el desfile de los astros; cuando de los núcleos estelares y de las nebulosas perdidas en el fondo de los espacios desciende hasta nosotros la claridad temblorosa y difusa, una misteriosa influencia nos envuelve, un sentimiento profundamente religioso nos invade. ¡Cómo desaparecen en esa hora las vanas preocupaciones! ¡Cómo nos penetra, nos abruma y nos hace doblar las rodillas la sensación de lo inconmensurable! ¡Qué adoración muda se eleva de nuestro corazón!

La tierra boga -frágil esquife- por los campos de la inmensidad. Boga arrastrada por el potente Sol. Por todas partes a su alrededor, existen profundidades inmensas que no se pueden sondar sin experimentar el vértigo. Por todas partes también a distancias enormes, hay mundos y más mundos, islas flotantes mecidas por las olas del éter. La mirada se niega a contarlos, pero nuestro Espíritu los considera con respeto y con amor. Sus sutiles rayos le atraen. Enorme Júpiter, y tú, Saturno, al que rodea una franja luminosa y coronan nueve lunas de oro; soles gigantescos de luces multiformes, esferas innumerables: os saludamos desde el fondo de los espacios... Mundos que brilláis sobre nuestras cabezas, ¿qué ocultáis?... Quisiéramos conoceros, saber qué pueblos, qué ciudades extrañas, qué civilizaciones se extienden sobre vuestra superficie... Una intuición secreta nos dice que reside en vosotros la felicidad buscada en vano en la Tierra.

Mas ¿por qué dudar y temer? Esos mundos son nuestra herencia. Estamos destinados a recorrerlos y a habitarlos. Visitaremos esos archipiélagos estelares y nos penetraremos de sus misterios. Nunca tendrá un término nuestra carrera, nuestros ímpetus, nuestros progresos, si sabemos ajustar nuestra voluntad a las leyes divinas y conquistar con nuestras acciones la plenitud de la vida en posesión de los goces celestiales inherentes a ella.

León Denis… 

viernes, septiembre 11, 2020

Virtudes o vicios?

 


Cada quien mueve su mano conscientemente hacia el bien o hacia el mal según el conocimiento que le asista, según su adelantamiento moral, según la evolución de su espíritu. Pero sin duda alguna, es bajo el libre albedrío que se llega a la acción, a la ejecución de un pensamiento, pudiéndoos decir con base en ello, que hay infinidad de hermanos que sin ser espíritas ni pertenecer a una casa de Oración del Padre Supremo, sin tener el estudio de las Leyes Espirituales, ni contar con la guía, la orientación de los Maestros custodios de las enseñanzas, éstos hermanos rebosan en Comprensión, en Amor, en Caridad, en Bondad, en Benevolencia, en Tolerancia, en Piedad hacia sus hermanos.

Y os digo, no es precisamente o solamente por lo aprendido o por lo realizado en esta cruzada, porque no se llega de la noche a la mañana a esa condición moral y de amor al prójimo; es el bagaje de sus espíritus, es el conocimiento adquirido con presteza, es el resultado de la nobleza, del sacrificio que se hace en beneficio de sus hermanos, que los han conducido a la práctica de la Caridad. Es el resultado de sus buenas acciones en su trasegar del ayer, que se manifiestan en el presente con bondad. 

Por lo tanto podéis deducir fácilmente que lo que vivís en vuestra vida presente en felicidad o en desdicha, en salud o en enfermedad, en mezquindad o en altruismo, en conocimiento o en ignorancia, en servicio o displicencia, en honestidad o en falacia, en humildad o en orgullo, etc., es el reflejo de vuestras vidas precedentes; porque así como vuestra actual condición de vida con los vicios con los que os dejéis opacar, o en su defecto, con aquellas grandes virtudes que adquiráis y logréis cultivar, será el aporte, la semilla del sustento para vuestras vidas ulteriores.

Cuando un hermano se retroalimenta constantemente con buenos pensamientos, que es ejemplo dentro y fuera de los Templos a través de su actuar transparente ¿Quiénes creéis que lo asisten espiritualmente? Pues espíritus elevados, espíritus esclarecidos, espíritus evolucionados que se sitúan en la misma franja vibracional para que haya el anclaje espiritual, en afinidad, en sintonía con su condición moral para orientarle, para ayudarle de acuerdo a su empeño, de acuerdo a su compromiso, a su responsabilidad ante el cumplimiento de su misión; entonces, a medida que ese hermano lucha para salir adelante, que se reconciliaque perdona las ofensas por la ignorancia de sus hermanos; este se equilibra, se armoniza, y redirecciona su actuar, ajustándose a las Leyes morales y Espirituales, dignificándose, liberándose poco a poco de las ataduras que lo ligan a la ignorancia por falta de conocimiento y por los vicios que lo aferraban a la materialidad. Y en la medida que fortalezca su voluntad, su libre albedrío entrará a operar como herramienta esclarecedora, trabajando más para el logro de una virtud, que para desembarazarse de un vicio; porque ya no está en función de la puerilidad ni de la pereza, sino en disposición constante de servicio hacia sus hermanos sin cuestionar, sin detenerse más, que para reflexionar y clamar la fortaleza, la fuerza de voluntad, sin importar si ése cumplió y aquél no; porque cumpliendo los mandatos, sobre poniéndose a las talanqueras emplazadas en su camino, brindando apoyo al hermano que se encuentra en el fango y al propio enemigo, da principio a su emancipación, a la elevación espiritual mediante la humildad y benevolencia con la que trate a los desamparados y aún al soberbio. 

Pero cuando ese hermano decide por capricho hacer lo contrario; su mentalidad empieza a abrumarse con pensamientos nocivos de bajas pasiones, dando paso al sentimiento infame de la envidia al dejarse arrastrar por la pereza, por el orgullo, la soberbia, la mentira y la hipocresía; entonces este hermano es fácilmente conquistado por los vicios latentes en el ser humano, pudiendo decir con seguridad hermanos míos; que es el actuar predominante del espíritu que aflora en su presente cruzada, al entregarse a los goces desenfrenados que hoy reconoce evocando con cierto placer el recuerdo del ayer, y complaciéndose nuevamente hoy, con aquellos actos lascivos a su propio espíritu por falta de voluntad y de firmeza para vencer sus malas inclinaciones, es un hermano que pierde la oportunidad de limpiar su espíritu. 

Puede suceder también; que decida no luchar y encubrir sus errores colocándose el antifaz de la benevolencia, fingiendo una moral que no lo asiste aún, mostrándose caritativo ante sus hermanos sólo para lograr sus mezquinos intereses, cuando en verdad no tiene caridad ni consigo mismo debido a su rebeldía, a su incapacidad de brindar amor por la falta de disciplina y firmeza para sustraerse de todo aquello que lo aleja de la moral, y por ende, del sendero espiritual. 

No soy juez ni verdugo, tampoco he de señalar a ninguno de mis hermanos; simplemente os comparto con respeto, con fraternidad hacia vosotros, mis experiencias a través de esta orientación, de este esclarecimiento sobre lo que es un proceder, un actuar egoísta alejado de los mandatos Divinos. Nadie está exento de cometer errores.

Con respeto a lo anterior; hoy me pregunto lo siguiente:

¿De qué vale el recipiente reluciente por fuera para mostrar una aparente pureza, una pulcritud inexistente, un verbo elocuente plagado de palabras gloriosas, si el interior se encuentra oscurecido por el orgullo? 

Os digo; “A mayor saber, mayor responsabilidad”.

Si el interior de un ser humano está sucio, tal y como sucede con el interior de un recipiente que, aunque en su exterior se encuentre limpio y reluciente; os pregunto: ¿Qué beneficio puede aportar el depositar bálsamos, esencias, o virtudes en él? Es lógico que se desvirtuarían, se contaminarían tal y como sucedería con un mensaje permitido por el Padre Supremo para transmitir por intermediación Mediúmnica de quién en su interior albergue orgullo, soberbia, egoísmo, envidia, despotismo, falsedad, o recelo; ése vibrar, ése mensaje también se desvirtuaría por la falta de preparación, de conocimiento y de honestidad; porque aunque nos cubramos con ropajes blanquecinos relucientes, ha de comprenderse que “El hábito no hace al monje”, cierto es, que bien puede diferenciar a un hermano como dirigente o como representante de una enseñanza ante una comunidad, pero su sentir bien puede estar a leguas de distancia de la verdadera esencia de aquello que representa y que expone a sus hermanos como verdad, si no hay amor, si no hay humildad, si no hay honestidad. 

"Os digo que los fluidos que emanan de una fuente impura, son algo así como medicamentos alterados". Ya sabréis comprender estas palabras…

Pero quien posee las virtudes esclarecidas por el amor, la justicia, la humildad y el conocimiento verdadero, siempre tendrá la dulzura en sus labios; y aunque carezca de palabras insignes, siempre tendrá disponible un abrazo, un mensaje fraternal, un mensaje de fortalecimiento para entregar a sus hermanos, aunque no porte uniforme; ¿y sabéis por qué? Porque porta lo más importante; la insignia del amor.

Entonces para ser llamado trabajador de la Causa Divina, ha de contarse con la preparación adecuada, tanto física, mental y espiritualmente, para que haya una verdadera ablución, una depuración interior para poder identificar y combatir los vicios que cubren a el espíritu. Porque como dijo el Maestro Gandhi... 

Nadie puede hacer el bien, en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro". La vida es un todo indivisible. 

Es menester también, el estudiar para adquirir el conocimiento que permita transmitir verdades con bases firmes y no pasar por leguleyo; además de trabajar en favor de los necesitados, debe hacerse siempre en el nombre de aquella Majestad Divina con amor, con honestidad, con respeto hacia todo y hacia todos, para que esa semilla, ese conocimiento que se anhela transmitir, tengan bases sólidas, porque son el soporte del verdadero conocimiento de las Leyes Morales y Espirituales del Padre Supremo.

No se debe colocar la lámpara debajo del celemín”  

Dijo el Maestro de Maestros; el humilde Jesús del Galilea.

Ya a esta altura debe de comprenderse bien, que no hay que despreciar a ningún hermano, pues os recuerdo que son muchos los espíritus esclarecidos, evolucionados que encarnan en materias humildes; que en cualquier momento pueden presentarse en las casas de oraciones del Padre Supremo como humildes seguidores. 

¿Sabéis cuántas posibilidades existen en que seáis visitados en espíritu y materia en vuestros Templos de Oración por un Maestro? Os digo que son infinitas las posibilidades, y que quizá vosotros hayáis tenido ya, una visita egregia, y no os hayáis enterado.

Alejaos del orgullo y de la dureza de corazón para que no suceda lo que aconteció con aquél gran profeta que era esperado nuevamente como Elías, presentándose como el humilde JUAN EL BAUTISTA; y ya todos sabéis cómo le tratamos. 

Agudizad vuestro oído al compás de estas palabras, y discernid sobre su trasfondo. 

Sí el interior de aquél recipiente se conserva siempre limpio, si siempre está puro, si siempre está desinfluenciado por así decirlo; entonces ya no os preocuparíais en demasía por lograr su brillo exterior. Tal acontece con vuestro Templo de Oración y con vuestro templo corporal; si todo está limpio, ordenado, bañado y esclarecido por las aguas de la verdad, de la fe razonada y del actuar honesto; os aseguro que todo lo que en vuestros recipientes depositéis, actuará desde adentro hacia fuera, adquiriendo la virtud de transmitir transparencia, honestidad, amor, verdad, humildad, fraternidad y lealtad inquebrantable ante la Divina Causa, aunque no os engalanéis con finas aromas ni colores purpúreos. Entonces ya evaluaríais, si es el hábito blanquecino con el que os envestís temporalmente para laborar; o si son vuestros nobles sentimientos, vuestros buenos hábitos, lo que os permite aquél vibrar, aquella comunión, aquel anclaje con la Patria Espiritual, para recibir como respuesta a vuestras súplicas, los beneficios que clamáis al Padre Supremo, para vuestros hermanos.

Héctor Fabio Cardona.